La esperanza es un lujo que ya pocos pueden permitirse en la Franja de Gaza. Mientras los calendarios marcan el avance de febrero, la denominada “Fase 2” del alto el fuego –ese ambicioso plan de reconstrucción y gobernanza civil– se ha convertido en un espejismo político. Lo que debería ser el inicio de la desmilitarización y el retorno a una precaria normalidad, hoy es un callejón sin salida donde el estruendo de la diplomacia fallida resuena con más fuerza que las excavadoras de reconstrucción.