Truco para hacer trato. Las Administraciones Públicas tienen sus triquiñuelas. Con soporte legal o en sus bordes. Así funcionan las subvenciones nominativas en las cuentas presupuestarias y los fraccionamientos en las concesiones de obra pública. Son senda viva en una relación contaminada entre administradores y adjudicatarios. Todo partido con mano en el poder presume de conseguidor. Sea para una rehabilitación, un arreglo de calle, una instalación deportiva o una estatua en la plaza del pueblo. La cosa es apuntarse un tanto ante un vecindario con tintes de afinidad. La Cámara de Comptos (nuestro Tribunal de Cuentas) “no cuestiona la legalidad de las subvenciones nominativas y avala la gestión procedimental de las mismas. No obstante, remarca su carácter excepcional. En este sentido, no considera razonable el significativo aumento de las aprobadas a través de enmiendas parlamentarias”.