Korrika 24 calienta motores. A las tres y media arrancará este jueves desde Atharratze la carrera a favor del euskera de 2.175 kilómetros, con 3.436 cambios de testigo, hasta concluir el 29 de marzo en Bilbao. Calentar para la Korrika no es solo preparar las piernas, es sintonizar el latido propio con el de un pueblo, con el del pueblo del euskera. Es el momento en el que el o la korrikalari deja de ser individuo y empieza a vibrar a la frecuencia del mensaje que viaja dentro del lekuko (testigo). Es pasar del silencio al eco colectivo por la lengua vasca. Hay que preparar cuerpo y mente para cuando la cadena multicolor pase por el pueblo. Hay que saber adaptarse al ritmo y a las condiciones de la carrera porque Korrika no se detiene ante la lluvia de la montaña, ni el frío de la madrugada. Tipi tapa, tipi tapa… Korrika. Paso corto y apoyo firme para que el lekuko fluya de mano en mano en una coreografía humana casi perfecta.