El Jueves Santo tiene un gesto que, visto con ojos de hoy, resulta tumbativo: alguien importante se arrodilla y se pone a lavar los pies de los demás.
El Jueves Santo tiene un gesto que, visto con ojos de hoy, resulta tumbativo: alguien importante se arrodilla y se pone a lavar los pies de los demás.