Las liturgias dan sentido a la vida y los ritos otorgan soporte al ciclismo. En Lizarra, uno de los reyes del Tour, Miguel Indurain, cinco veces coronado en los Campos Elíseos de París, monarca del ciclismo de Euskal Herria, egregia figura la suya, caminaba con ese aire solemne y despreocupado de los elegidos.