Cada primavera reaparece la idea de que “la sangre se altera”. Pero, más allá del refrán, la evidencia científica sugiere que los cambios de luz, sueño u hormonas sí pueden influir en cómo nos sentimos
Cada primavera reaparece la idea de que “la sangre se altera”. Pero, más allá del refrán, la evidencia científica sugiere que los cambios de luz, sueño u hormonas sí pueden influir en cómo nos sentimos