Tras 45 años de observación, siempre he llegado a la conclusión de que no sé si es mejor ganarle al Madrid o perder. Si pierdes, a no ser que te hayan tangado a ojos vista –recordemos los dos penaltis a Juanfran, pero brilla más el árbitro hormiguita que te va erosionando– te comes el sapo uno o dos días y ya. Pero, amigo, si ganas, si ganas corres el riesgo de que los días siguientes sean un infierno de lamentos, surrealismos, quejas, crisis y conspiraciones.