La escalada bélica entre Pakistán y Afganistán, con bombardeos mutuos, que en el caso de Afganistán alcanzaron Kabul y Kandahar, cuna del movimiento talibán, reúne las condiciones del debate ético global del interés y el mal menor. Islamabad ha anunciado una “guerra abierta” contra los talibanes tras recibir ataques del grupo islamista TTP, que es una guerrilla que llegó a apoyar con apoyo logístico y que hoy amenaza la estabilidad del Gobierno pakistaní. Los talibanes, sin respaldo internacional alguno, responden con furia desde un régimen de terror documentado, especialmente misógino a través de una nueva reforma de su código penal que legaliza la violencia contra las mujeres –15 días por golpear a una esposa, cadena perpetua por apostasía femenina— y un apartheid de género que las relega por debajo de la protección a animales.