En el salón de un piso de la calle Mayor de Pamplona se reúne cada día una decena de personas de religiones, culturas y nacionalidades muy distintas, pero con objetivos comunes: formarse y encontrar un futuro. Estas clases en las que aprenden a hablar y escribir en castellano, a aprobar los exámenes de nacionalidad o a gestionar sus trámites jurídicos son una pequeña parte de toda la misión de Itaka-Escolapios, una fundación que ayer cumplió 25 años de historia y que cuenta ya con 22 países y unas 34.000 personas participantes en todo el mundo.