Miles de personas volvemos a echarnos a las carreteras y a las calles para correr de día y de noche, sin descanso, llevando de mano en mano un testigo que simboliza algo mucho más profundo que una carrera: pasión por el euskera, celebración de nuestra lengua como elemento de convivencia y cohesión social, y reivindicación de los derechos lingüísticos de toda la ciudadanía.