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Intromisión innecesaria

Intromisión innecesaria

Leo que la calle se ve triste. Quizá no lo esté, pero hay para quien es una percepción real. Cansancio de la sucesión de crisis, guerras, inestabilidad e incertidumbre, el futuro que asoma con demasiados nubarrones. No sé. Como si el largo invierno de siempre pareciera dispuesto a instalarse permanentemente sobre la vida y los agradables días soleados vayan a ser sólo anécdotas. No lo veo tan oscuro y tampoco creo que mirar atrás con tristeza tenga sentido. Tampoco venimos de un boyante paraíso, sí de un buen lugar en el que vivir en este confuso mundo. Añorar el pasado lo convierte en un idealizado estado de felicidad que casi nunca coincide con la realidad que fue. Quizá pueda ser cierto que aquello que se vivía como hermoso se torna más oscuro cuando se descubren las amargas trampas que ocultaba y esas sombras devalúan entonces la capacidad de escape del recuerdo. Creo que las percepciones y los sentimientos y los recuerdos del pasado, las vivencias del presente y los anhelos del futuro son la suma de lo importante. Pero es cierto que hay síntomas constantes de que lo que se dice a mejor no parece que vayamos.

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