Euskara gara. Bilbao se ha convertido este domingo en el latido final de un pueblo, Euskal Herria, que corre junto para que la lengua común no se detenga ni ante las inclemencias del tiempo, ni las de los tiempos. Sean estos los que son y puedan llegar. El eco de los pasos que partieron hace once días desde Atharratze (Zuberoa) retumba por la mañana por todos los barrios del Botxo con el Casco Viejo como clímax, transformando el asfalto bilbaino en una senda de ilusión donde el euskera fluye con más fuerza que la propia Ría.