Aunque suele pasar desapercibido, hay un arte específico que también forma parte del paisaje cultural de Euskal Herria, independientemente de la ideología religiosa de cada uno. Retablos, esculturas, pinturas y piezas relacionadas intrínsecamente con la liturgia han guardado en silencio la memoria artística de una sociedad que, a día de hoy, ha cambiado profundamente.