En este momento de sensibilización máxima hacia las consecuencias de la guerra, rescato el tuit de Anton Gerashchenko en el que muestra una consecución de fotos: el antes y el después de ucranianas y ucranianos a las y los que no les quedó más remedio que dar un paso al frente y coger un fusil. Suciedad, cansancio, empeoramiento de las condiciones de vida… Y eso sin hablar de heridas, mutilaciones o la muerte. Así es la puta guerra. Ojalá Donald Trump pudiera verla tan cerca que por fin lo entienda, ojalá Netanyahu sienta que eso le puede pasar. Ojalá quienes han justificado a Vladímir Putin se avergüencen, por lo menos, un poco.