La guerra vuelve a demostrar que es el peor negocio posible para la economía global, por mucho que sectorial y coyunturalmente ofrezca parámetros beneficiosos para agentes muy concretos. Pero, analizando su impacto, el conflicto de Oriente Próximo encarece la deuda pública, erosiona la competitividad europea y desestabiliza el frágil equilibrio interno incluso en su promotor, Estados Unidos. El nuevo conflicto bélico en Irán ha disparado de nuevo el precio de la energía, con el gas europeo prácticamente duplicando su coste en apenas una semana y los barriles de petróleo Texas y Brenten el entorno de los 110 dólares, añadiendo una prima geopolítica que Europa paga directamente en su factura de importaciones. La correa de transmisión se entiende fácilmente: los suministros industriales se encarecen y la inflación energética devora márgenes empresariales y poder adquisitivo en Europa. Mientras Bruselas advierte del riesgo de un nuevo shock de precios, las bolsas europeas encadenan caídas.