La comunidad autónoma vasca, Navarra y Nueva Aquitania, que es la región francesa de la que forma parte la mancomunidad de Iparralde, volvieron a demostrar este martes que su colaboración está engrasada a pesar de las fronteras administrativas que las separan. Y lo hicieron con motivo de la asamblea anual de la Eurorregión que, para más señas, se reunió para escenificar que la presidencia rotatoria de este organismo pasa a ser del lehendakari. Imanol Pradales recogió de manos de la navarra María Chivite la makila de la Eurorregión para los próximos dos años, y lo hizo con una apuesta por eliminar las trabas en la movilidad de los ciudadanos y la relación entre las empresas; y también pidió que los territorios puedan participar en los procesos de codecisión de la Unión Europea en lugar de dejar ese papel solamente a los estados. Es evidente que, para un jeltzale como Pradales, la Eurorregión tiene un simbolismo político relacionado con la articulación de la nación vasca, aunque en el día a día tiene, en esencia, un valor práctico para la ciudadanía.