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Emoción e historia

Emoción e historia

Les confieso que el otro día, en la Strade Bianche, cuando atacó Pogacar y pasó del medio minuto de ventaja apagué la tele y dejé de ver la carrera. Faltaban más de 70 kilómetros de prueba, casi dos horas, y no estaba dispuesto a invertirlas en ver cómo iba tragando kilómetros en solitario hacia la meta, sin ninguna clase de disputa real por el triunfo. Esta semana me ha pasado también con un triunfo de Vingegaard, con el segundo en París-Niza, en el que metió más de dos minutos al segundo. No me pasó con las etapas de la Tirreno, con ese sprint majestuoso entre Del Toro, Pellizari y Van der Poel que ganó este último. O con el que ganó el propio Van der Poel a un grupo de unos 30.

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