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El sereno

El sereno

Vi el anuncio. Soy, eso que se dice un parado de larga duración. Por mi edad y condición, no encuentro acomodo y es alto el precio por vivir. Aún, apenas viviendo, es caro esto del vivir. Parece que, a causa de la violencia nocherniega, precisa el ayuntamiento de aquella figura de nostalgia pura que fue el sereno. Yo no había ido al ayuntamiento buscando nada. Sólo quería hacer unas preguntas. Por ser de interés colectivo pensé que en ese ayuntado lugar por excelencia, sabrían responderme a algunas de ellas. Creo que soy parado de larga duración porque no sé qué hacer en este mundo. Tampoco qué hago en este mundo y desconozco todo sobre la muerte que ha de llegar llegando y esto no necesita preguntarse. Quizá me respondieran alguna cosa. Quizá no dijeran nada y me mandaran a otro lugar de menos fuste. Vi el anuncio y sentí que fuera dable que yo pudiera acomodarme a esa figura del sereno que, es sabido, hizo el bien siempre que pudo. Al principio, el aviso me causó un estupor blanco, como de vacua incredulidad. Era un espejismo o el reclamo burlón de un viaje en el tiempo. Los viajes en el tiempo no me interesan mucho. Soy de esos tipos que creen que el tiempo no existe, y si existe es solo en lo tangible. Creo que las preguntas que llevaba conmigo al ayuntamiento eran de hechura intangible. De ahí mi ansiedad y mis dudas. Mis dudas y mi ansiedad.

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