En las grandes ciudades, la facilidad para conseguir una reserva en restaurantes no depende únicamente de la disponibilidad, sino también del estatus del cliente, su red de contactos o el canal utilizado para gestionar dicha reserva. Diversas fuentes del sector gastronómico coinciden en que existe una clara diferencia entre la experiencia de una persona conocida (o con acceso a servicios privilegiados) y la de un cliente anónimo.