El socorrido eslogan ideológico 'no a la guerra' resulta poliédrico. Ofrece un crisol de alternativas dialécticas, todas cargadas de aviesa intención. Al presidente le viene como anillo al dedo para martirizar al PP por sus vacilaciones y el apoyo de Aznar hace 23 años a la cruel invasión de Irak. A Feijóo, le sirve de carrete argumentario para seguir denostando a Sánchez, en quien ve un “matón con tics dictatoriales”. A Abascal, como disculpa para el latiguillo de “inmigrantes invasores”. A Sumar, para tomar oxígeno en medio de su inanición. Y a ERC y Junts para echarse sin recato las vergüenzas a la cara. Otra confrontación parlamentaria aderezada con demasiados golpes bajos, propia de un ambiente electorializado y que ensancha las trincheras donde se cobijan dos bandos ávidos de venganza.