El conflicto en Oriente Medio vive una escalada sostenida desde finales de febrero, con enfrentamientos directos e indirectos entre Irán e Israel, a los que se suman Estados Unidos y el grupo libanés Hizbulá. Teherán ha intensificado ataques contra bases estadounidenses y territorio israelí, mientras Israel responde con bombardeos sobre objetivos estratégicos en Irán y mantiene su ofensiva en Líbano. Washington respalda militarmente a su aliado israelí, aunque crecen las dudas internas sobre la intervención. En paralelo, la tensión se traslada al plano económico y geopolítico, con amenazas sobre rutas clave como el estrecho de Ormuz —por donde pasa gran parte del petróleo mundial—, lo que eleva el riesgo de una crisis energética global.