...

Jugar al límite

Jugar al límite

Arrecian ventarrones. Dotados para la desestabilización. Enemigos de la convivencia. Asoman en un campo de fútbol, en un mitin, en una comisión parlamentaria, o en la barra de un popular bar de tapas. Cada vez con más frecuencia y, además, desafiantes. Son los racistas. Han abandonado la caverna y las caretas. Creen que el entorno les favorece ahora y, ante el futuro inmediato, mucho más. Exhibiciones intolerables como la islamofobia televisada en la grada más españolista de Catalunya retratan un foco ideológico plagado de toxicidad. Son algo más que una cuadrilla de ignorantes, como les tildó un humillado Lamine Yamal. Una lacra que se expande.

Compartir: