En pleno Segundo Ensanche, en la calle Bergamín nº 31, no se encuentra el ruido ni las colas de barra a deshora. Se encuentra algo mucho más difícil de conseguir: mesas que se conocen por el nombre, guisos que huelen a domingo, un trato familiar como el de antes y un tocino de cielo por el que la clientela se levanta a dar dos besos a la cocinera. Un sabor, encanto y cercanía que busca heredero. Los hermanos José y Tereta Castells han decidido jubilarse tras once años al frente de La Fogoneta Culibar, al que con sus productos de primerísima calidad y el cariño con el que lo cocinan han posicionado al establecimiento en el podio de TripAdvisor durante más de media década.