Lo curioso del caso es que si yo aquí digo A y tres líneas más tarde digo B y así un montón de días lo más normal sería que alguien del periódico me llamase y se interesase primero por mi salud mental y luego me aconsejase que me lo hiciera mirar porque no es de recibo en un periódico serio decir una cosa y la contraria en un mismo texto. Si fuese abogado, cajero, camarero, médico, policía, repartidor, arquitecto y en mis acciones y relaciones con los demás actuase como un completo desequilibrado llegaría un momento en el que las personas que están por encima de mí en el escalón jerárquico tomarían cartas en el asunto.