Escampó en la París-Niza, el cielo, una moqueta azul, un friso sin nubes, desparecidos los tonos grises, la boca del lobo negra, la lluvia que tanto ametrallo, la niebla que ocultó a los ciclistas, apenas espectros de sí mismos.
Escampó en la París-Niza, el cielo, una moqueta azul, un friso sin nubes, desparecidos los tonos grises, la boca del lobo negra, la lluvia que tanto ametrallo, la niebla que ocultó a los ciclistas, apenas espectros de sí mismos.