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Acosos

Acosos

No es cuestión de santurronerías pero pertenezco a una generación para la que los docentes eran intocables y los respetábamos por convencimiento o por temor. Será por aquello o simplemente porque se trata de trabajadores que se merecen, como el resto y en tanto que realicen bien su labor, nuestro agradecimiento. Sea como fuere, me repugna imaginar a ese maestro que, tras un incidente con un alumno, se vio frente a la madre y al hermano de éste. Ambos, lejos de buscar una solución, la emprendieron contra el profesor, lo inmovilizaron con técnicas del mataleón, le propinaron puñetazos y patadas y hasta le arrancan de un mordisco un trozo de oreja.

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