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Alcaraz enciende las alarmas

Alcaraz enciende las alarmas

“¡No puedo más, me quiero ir a casa!”. Eran palabras agónicas, salidas de un gaznate estrangulado por la rabia y el cansancio. Una muestra del sometimiento al deporte de élite. Era el estallido producido por la presión acumulada en un fornido armazón de 1,83 metros de estatura y 74 kilos de peso sostenido por 22 años de experiencia vital. Era una exposición de la fragilidad de un ser humano, que aunque a veces es inquebrantable como una deidad en otras ocasiones ofrece las certezas del plano terrenal, donde habitan los mortales, donde habita Carlos Alcaraz.

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