El gesto de deslizar el dedo por la pantalla empieza a cansar a una parte de la juventud. Frente al ruido digital, crece el interés por actividades manuales que obligan a parar, concentrarse y crear con las manos. Entre ellas, la artesanía textil -tejer, hacer ganchillo o coser- vive un nuevo momento de auge como forma de ocio consciente y alternativa al exceso de conexión.